estando al mando el temible
Capitán Mc. Guíver, en todos los mares conocido por su espeluznante
botín de pegatinas, arrancadas a cuantas desventuradas naves hayan
cruzado su proa.
De segundo su inseparable compañera Palo, también llamada “la
Escoñada”, como consecuencia de haber metido la pata por un tambucho.
La tripulación, de lo más variopinto, arrebatada al entorno
de usureros y prestamistas de Magerit, resultó a la postre eficaz,
bien avenida y sumisa en su conjunto, aunque con cierta tendencia al mareo.
Dia 4 de Mayo, viernes.
Llegamos al aeropuerto donde nos
esperan Alfonso y Pili con la Cirila. Despues de un intento infructuoso, (son
las cuatro de la tarde), solo nos queda comer en el “Darsena”.
Por fin veo a mi barco: Está como lo recordaba y nos abrazamos emocionados.
Nos vamos de compras al Carrefour, y llenamos tres carros: ¡que no falte
leche! Estibamos todo en el Som- Yag, por cuya pasarela de fortuna os juro
que mi prima Píli pasó. Cena en el club náutico arroz
negro y pescado a la plancha. Nos acostamos prontito.
Día 5, Sábado
Nos preparamos a recibir como se
merecen a los restantes incautos. Alfonso se los trae, y tras la prueba –
a duras penas superada – de la pasarela con traslado de equipaje incluido,
zarpamos sin dilación.
Primer percance: Paloma se cae por el portillo del camarote de proa y se pinta
de morado el costado de estribor del hachazo, quedando el instrumento fuera
de servicio para el resto del crucero: habrá que hacer sin él...Dentro
de lo previsible está, evidentemente no para todo el mundo, el mareo
de parte de la tripulación: aquellos que no se tomaron el comprimido
de biodramina.Vilma es la peor, pero cual fenix noctambulo, llegado el ocaso
renacerá de sus cenizas.
Llegamos a Andraix a media tarde. La bahía es muy bonita, pero pasamos
de fondear. El puerto público no contesta a nuestra llamada y atracamos
en el Náutico donde enseguida nos devuelven el atraco: 9500 pelas por
amarrar, pero si quieres agua te vendemos el empalme por mil pelas...si quieres.
Esto es increíble. Se me pasa (un poco) el cabreo con una cena en el
mejor restaurante, y a dormir, que aunque aún no lo sepamos, mañana
Baloo tocará diana tempranito.
Día 6, Domingo.
En el pueblo se han enterado de
que es domingo y todo está cerrado. Sigo sin comprar mi bombilla. Salimos
del puerto a las 9.45 h.r.b. (hora reloj de bitácora), y la tripulación
de cubierta acierta a guardar las defensas en el pañol de proa. Ya
deshacen el ballestrinque con toda naturalidad, hacerlo será otro cantar
y materia de otra lección.
Fuera sopla el viento predominante en el Mediterráneo, populármente
llamado “Morral”, que avistada la isla Dragonera nos hace dudar
si pasarla por fuera o por el estrecho, a sabiendas de que el mar y el viento
irán en aumento a medida que vayamos adentrándonos en él.
Aprovechando el candor de la tripulación decido pasar por dentro. Hay
que espabilarlos.
En efecto, va soplando más, y subida la mayor vamos aleccionando a
la gente en esto de ir remontando el viento a base de dar bordos. A ver si
somos capaces de no tragarnos el islote del norte.
Llevo dos días echando un par de currys por la popa sin ningún
resultado y alguno me mira ya con sorna. Pero mi paciencia es infinita y mi
fe sin fisuras; ya llegará. Y ya lo creo que llega: suena el carrete
y vemos como sale el sedal...volando. Hemos pescado una gaviota que viene
detrás del barco como una cometa. Aflojamos la marcha y sin lograr
despegarnos lo mas mínimo del agua, nuestra heroína como diría
Alfonso, se marca un picado de vértigo. Poco a poco yo consigo subirla
a bordo y ella morderme un dedo. Finalmente logro liberarla no sin antes explicarle
lo cerca que hemos estado de tener una desgracia.
Hemos conseguido engañar un poco al mareo, pero de aquí a Soller,
aunque la costa acantilada es magnífica llevamos a dos cadáveres
tirados en la cursiva de estribor. Obelix, y Baloo están a cual peor.
El profe va aguantando y Ana Z. descubre los parabienes del bocata y la cerveza
en la bañera. Vilma está missing, pero en otra ocasión
promete probar en la bañera de su casa en la que confiesa marearse
también. Ya no lo duda nadie.
Unos cuantos cubos de agua por la cubierta mas tarde, llegamos a Soller. Otra
bahía bien resguardada y único refugio de toda la costa oeste
de Mallorca, parada pues, obligatoria. Primera maniobra de fondeo del Som–Yag
team. ¡Fondo! Por fin quietos, pensará mas de uno. Comemos a
bordo, y en vez de siesta el ca... del patrón decide dar su primera
clase de zodiac. Probamos todos y Baloo es el mas hábil; aunque luego
a la hora de bajar a tierra vestido de guapo, nos obsequiará con el
baile de “al filo de lo imposible”, y contra todo pronóstico,
caerá dentro, eso sí, sin perder la compostura. Mi Píli
también subió a la zodiac, y ya estamos todos apretaditos en
un vagón de madera del tren de Soller subiendo con una luna de ambar
a través de multitud de huertecillos llenos de naranjos, limoneros
y melocotoneros que recuerdan a Alfonso a su pueblo. A los demás sin
duda nos recordarán a Soller. Llegamos al pueblo, y damos un corto
paséo por la plaza de la iglesia que no hay que pasar por alto.
Pero lo mejor de la noche será la cena en el que es sin duda el mejor
establecimiento de la costa norte, estilo balneario de los años treinta,
con el personal de la época, atento en todo momento, y sobre todo muy
digno. La cena, perfecta y original. Exquisita lengua con alcaparras, que
me he estado mordiendo toda la noche.(la lengua, no las alcaparras).El equipo
A (ya sabéis quien os digo) vuelve andando los cinco kilómetros
que nos separan del puerto con el fin de mangar unos limoncillos para la caipiriña.
El equipo B fracasa en su misión, y a pesar del sutil preludio de Obelix,
no consigue del “generoso” el cupo de cubitos exigido: ¡
Lamentable ¡
Día 7, Lunes.
Salimos del fondeadero
de Soller rumbo a La Calobra. A media mañana dan por V.H.F. un aviso
de temporal que no acertamos a entender. En La Calobra nos movemos mucho y
decidimos irnos. Buscamos en la carta una cala protegida para comer y acertamos
de lleno del otro lado del cabo Formentor. Ana Z se remoja hasta la línea
de flotación, y los chicos aprovechamos la ola que genera para subirnos
con la zodiac a la playa de guijarros.
Por la tarde jugueteamos con la vela a engañar el Morral que nos acompaña
de cabo en cabo y llegamos a la maravillosa Pollensa. Atracamos en el Club
Náutico, dando la imagen de una tripulación experta. Nos duchamos
con agua caliente y vamos desembarcando con intención de dar una vueltecita
por el pueblo. Alfonso y yo somos los últimos, pero aún así
alguien será testigo –y no mudo- del espectacular resbalón
de éste por la pasarela. Se le va hinchando el codo, y ya me estoy
viendo encargandole un garfio. Recorremos las tiendas y ni Ana encuentra sus
chanclas ni yo mi quinqué. De vuelta al puerto donde vamos a contemplar
los botes mallorquis, la luna llena, desproporcionada, aparece detrás
del cabo en unos tonos pastel que junto con los barquitos completan un cuadro
que acaba de convencernos de que realmente estamos de vacaciones. Cenamos
en el Restaurante del puerto una caldereta que nos hace temer lo peor, pero
nadie se quejará después de insomnio o de pesadez de estómago.
Una romántica balada por el paseo encantado que bordea la bahía
. Huele a nostalgia y a pino. La luna esta llena y las suaves olas mecen lánguidamente
su reflejo a lo largo de embarcaderos secretos. Las casítas decadentes
nos tientan a cada paso y los centenarios pinos se asoman al mar para escribir
con su sombra sugerentes mensajes sobre la blanca arena . Volveré...
Vamos a dejarlo que os estáis poniendo tontos Volvemos al puerto y
cumplimos con el ritual del paseo de los 400 pedos. Las chicas se ríen
mucho, no sé porqué. Nos hemos perdido ya totalmente el respeto.
De vuelta a bordo, nos reunimos alrededor de la mesa del salón azul
(el mas acogedor), y nos tomamos quién un cubatita, quién un
Ron o un Grog calentito: Estos son los auténticos. Valera desaparece
de vez en cuando: El Capitán de Navio Jack Aubrey le necesita para
rescatar parte de la flota, a punto de caer en manos de los piratas egipcios.”
Veras, tú imagínate que el viento sopla de estribor y que a
barlovento de la flota, aprovechando la oscuridad...” Así un
rato y cada uno a su camarote, que por la mañana Alberto no perdona.
Dia 8, Martes.
Todas las mañanas, Obelix
lleva a su mujercita zumito de naranja que él mismo exprime con todo
el cariño del mundo, asi como su ración de Biodraminas. Las
nuestras madrugan, y claro, los demás estamos frustrados.
La guardia civil cumple con su deber de dar el coñazo y aborta mi plan
de ir a comprar la bombillita de los c...Todo se soluciona con una llamada
y el Som – Yag navega de nuevo. Nos despedimos de Pollensa.
Navegación de rutina con los currys siempre a rastras. Obelix está
mustio sin Vilma. Da pena verle. Estoy al timón y la imaginación
se me va escapando despacito... En un gesto de misericordia que le honra,
Bacterio - al que acabo de ascender a primer oficial- hace gala de su ya famoso
ingenio y alivia a Obelix poniendo boca arriba la “vileda “ de
rubia melena, y éste, cediendo al engaño, apoya su cabeza en
el regazo del tierno artilugio con satisfecho semblante. “Capitán,
¿qué cabo es éste?” Me vuelvo apresuradamente y
compruebo que la fregona sigue con la cabeza dentro del cubo. ¡Vaya!,
me habré quedado traspuesto. Así alcanzamos al mediodía
Cala Moltó, en cuyas aguas turquesas los intrépidos se bañan.
Las chicas no se cortan ni un pelo y prismáticos en mano, comparan
los atributos de los nudistas en la playa. Nosotros tranquilos: Vamos sobrados.
Navegación a motor y vela hasta Puerto Cristo sin nada mas que reseñar
que las pegatinas de rigor.( Pegatinas; despegar las: dicese de la acción
de adelantar a otra embarcación, navegando a vela) El puerto público
no contesta y por votación popular decidimos fondear en la cala después
de dar una vuelta de intimidación por el puerto. Alberto y yo bajamos
a tierra y resulta que el público está...¡cerrado por
vacaciones¡
El sitio es bastante romántico y como deferencia a tan ilustre visitante,
iluminan el acantilado a nuestro rededor. Mañana se espera viento fuerte.
Dia 9, Miercoles.
Desayuno tempranero. Aquí
dentro el mar no se ha movido nada.
Salimos de la cala a las 9.00 con intención de llegar a La Rápita.
Por fin el viento sopla a favor y al resguardo de la costa subimos todo el
trapo. Salimos “escopetaos” y empieza la fiesta. Delante de la
siguiente cala tontea un monocasco que se adivina bastante grande y a nuestro
paso nos reta. No nos queda mas remedio que humillarle, aunque se resiste
bastante. Todos pasamos por el timón y lógicamente surgen los
primeros piques. Los records de velocidad pasan de mano en mano y finalmente
queda en 11,8 nudos a manos del capitán. ¡Menos mal¡ Mi
prestigio o lo que queda de él ha quedado intacto. Llega el momento
de doblar el cabo y de preparar la temida trasluchada. Tomamos dos rizos a
la mayor (el anemómetro marca treinta nudos de real ) y cambiamos genaker
por genova al 100%. La trasluchada es espectacular y la botavara aplasta el
bimini al momento. Esto por no haber cazado suficientemente el cabo del rizo.
La culpa enteramente del patrón. Aprovechando nuestra aparente y pasajera
debilidad, viendonos a su alcance se nos acumulan los contrincantes, pero
mis corsarios como un solo hombre cazan escotas y despegamos de nuevo dejando
atrás a los escorados monocascos con sus winches echando humo...Otra
vez será.
A las 13.25, sumando 32 millas la corredera atracamos de libro en el pequeño
puerto de La Rápita con 20 a 25 nudos de través. El velerillo
flamante de barlovento nos espera tembloroso con todas sus defensas fuera,
pero tranqui, tío, esto esta controlâo. Por contra el siguiente
en llegar es el guiri dolido con ánimo de venganza y a duras penas
conseguimos evitar la embestida de su ancla en proa. “Som – Yag”
está pálido. Los siguientes no lo hacen mejor, pero allá
cuentos. Nosotros nos vamos a comer a Can Pep una fidéua de película:
sobrará.
Siesta, ducha caliente algunos, fría otros, a los que nunca mas faltarán
veinte duros en el bolsillo, reparación del toldo estilo Mc. Guiver
y partida de chinchon con las chicas. Obelix y el Profesor Bacterio se van
a ver el partido ante la repentina e inexplicable avería del televisor.
El Madrid pierde, yo también, y en el barco vecino, Margarita tiende
sus braguitas, obsequiando a Alberto con su mejor sonrisa vertical. Damos
los últimos retoques a lo que será el arma definitiva y letal
contra los guiris perseguidores: La terrible “S S “-Scato Spurri-,
confiada al exquisito cuidado de Vilma que ha demostrado tener aptitudes para
su manejo. Más cuando estaba todo ya ultimado, va la tia y caga, tirando
las municiones al vater. ¡Todos nuestros proyectos frustrados!
Al día siguiente ,castigo divino: nuestra cubierta amanecerá
moteada.
Dia 10, Juneves.
Baloo nos despierta sutilmente,
y al ver la cubierta enseguida sospechamos de Margarita sin bragas, pero no
huele: anoche llovió barro, y los barcos vecinos están igual.
Baldéo, desayuno y dejamos la bocana a las 08.37 h.r.b. La mar y el
viento en calma burlan la fuerza 5 anunciada anoche. El cielo está
plomizo y la música de Straus da a nuestra partida un ambiente que
siempre recordaremos.
Pasado el cabo Salinas, suena el curry . ¡ Por fin pican! Zafarancho
de combate, carreras, gritos ¡ El gancho... un cubo 1 Al final saco
a mano una caballa de un kilito. Foto, motores y a por mas. A los diez minutos,
recurry, regritos, recaballa, hermana de la anterior. Dudamos: ¿ Serán
suficientes dos ? Una mirada a Obelix y Baloo, y va de nuevo el curry al agua.
A la tercera picada, recogemos definitivamente. Compromiso pesquero cumplido,
alguno debería quedarse sin comer Aunque sería injusto, porque
el que no ha ayudado a desenredar los currys, alguna vez ha tenido que recogerlos
y el que no, echarlos; y las chicas prepararon el pescadito a la bucanera,
y las quedo tan rico que siempre lo recordaremos, y que por mucho que lo volvamos
a intentar, nunca sabrán como “aquellas que comimos en el catamarán”
Con la bandeja ya en el horno, avistamos una mole por estribor, en la misma
bahía de Palma: el portaaviones yanky “Enterprise”. Vamos
a echarle una miradita. ¡Defcon dos ¡ Nos mandan a la Guardia
Civil, tú. ¡Y eso que aún no han podido ver a Ana sentada
en la popa! Una lancha verdiblanca: “Aqui la Guardia Civil”¡
no me digas ¡ Si solo viendo la cara de los Valera ya sabíamos
quienes erais: Pinta turistas ponen, oye. “No se acerquen al buque,
resguardo de 500 metros”. OK, Babe nos vamos pero no podemos sujetar
a Baloo y ya que no hemos podido hechar la miradita, éste les echa
una meadita tamaño standar. Saldremos en los papeles, ya lo verás.
Puerto de Palma, Gas oil y el marinero que nos esperaba nos ayuda a atracar.
¡Como si no supiéramos hacerlo solos! Recogemos la cubierta y
el premio a tan ajetreada mañana: las caballas al horno. El vino, como
siempre, está a la altura.
Esta noche llueve un poco y nos vamos a cenar al Palma la Vieja unas chuminaditas
en la casa del perro ladrón: Bien. El paseo marítimo se despide
con lagrimones. Vamos a alegrarnos un poco, que Alfonso conoce un garito brasileño
de cuando vino solo a trabajar, que ¡Uauu, Que maréo! Nos perdemos
en los meandros de las amazonas. Mi próximo barco se llamará
“Lambada”. Dicen las chicas que el tío estaba bueníssimo,
yo de esto no entiendo, pero lo que sí sé es que nosotros salimos
malitos. Con los cubatas deberían poner biodraminas de aperitivo.
A las tres en la cama estés. Mañana ya está aquí.
A las 6, Baloo, su esposa y yo compartimos Pipí, y compruebo que el
invento del chicle del profesor Bacterio a funcionado y que estos no se han
mojado.
Nuestro último desayuno a bordo. Bacterio y yo parcheamos a todo tren,
y por fin conseguimos la bombillita de marras, que Baloo recién ascendido
a farolero mayor será el encargado de reponer. Este ascenso nos habrá
costado un güevo, doy fe de ello. Su mujer preocupada, y el capullo tan
feliz, haciendo fotos desde lo alto del palo. Le tuvimos que subir hasta la
cofa y veía que teníamos que acabar derribándole. Al
final bajó por las buenas.
Está casi todo recogido, y dejo a Alfonso a cargo de los últimos
retoques. Voy a echarles de menos. A Baloo con sus ganas de caña, y
sus madrugones sin los cuales, todo hay que decirlo, esto no nos hubiera cundido
tanto. A su mujer, Ana de la sonrisa ancha y el blanco antifaz, siempre dispuesta,
sin la que los bocados de media mañana nunca serán igual. Echaré
de menos la aparente y contagiosa serenidad de Obelix, los ojitos mínimos
y traviesos de la rubia Ana, el incondicional respaldo de Valera y sus relatos
ilustrados; la planificación impecable de Doña Pilar, a la que
solo hemos pagado con sustos y sobresaltos y que a todos nos consta, ha sido
la que más esfuerzo de superación ha demostrado para acompañarnos
a todos, y a su marido sobre todo, en esta su deseada experiencia. Gracias
prima. Y a tí, mi barco. Sin tí, ¿ Que seríamos
? sino siete cuerpos flotando a la deriva. Digo siete por mi Pili. Esto se
acaba. Ya estamos nostálgicos y nos miramos como viejos amigos a punto
de despedirse para largo. Aún no he cruzado la pasarela por última
vez y ya tengo mono.
Mi barco se queda, mis amigos también. Esto no es justo. Mañana
volveré a engordar a mis clientas, pero aún me quedará
el móvil. ¡Sayonara!, barquito, cuida que no te destripe ningún
guiri con arnés. En septiembre te quiero ver. Hasta entonces sabes
que pensaré en tí.
Dos años después,
Alfonso y Pili navegan en su propio velero (¡sí sí, Pili!),
Baloo y Ana cruzan solitos con frecuencia de isla en isla en barco de alquiler,
y Obelix consigue escaparse algún fin de semana para navegar en el
SOM-YAG.